Te seré sincero. Si has llegado a esta página probablemente ya conoces la versión básica del PDF de los siete errores. Y te has quedado con ganas de más. De números reales, de plantillas que puedas copiar sin tener que hacer nada y de ver cómo otras personas en tu misma situación han salido del agujero. Eso es exactamente lo que vas a encontrar aquí.
El paquete Plus no es la guía hinchada con relleno. Es la guía más tres cosas que mucha gente me pedía y que no encajaban en el PDF básico: las plantillas Excel completas (las uso yo en mis sesiones uno a uno), los tres casos reales documentados de Manolo, Antonia y Carlos contados con detalle quirúrgico, y un cuarto bloque que no le doy a nadie más, que es la auditoría de tu situación inicial firmada por mí en formato carta.
Lo monté así por una razón concreta. La guía básica funciona, pero la gente se atascaba al pasar de la teoría a la acción. Faltaba el material que conviertes en un cuadro de mando real con tus propios números. Faltaban los casos contados con cifras (no con frases motivacionales). Y faltaba, sobre todo, la sensación de que alguien revisa lo que estás haciendo. Eso es lo que añade Plus.
Si te lo permites, te recomiendo no leerlo del tirón. Léelo en tres tardes, una por semana, aplicando lo que leas entre semana. En tres semanas habrás cambiado más cosas en tu vida financiera de las que cambia el noventa por ciento de la gente en una década entera. No es una promesa romántica. Es lo que veo cada mes en gente que aplica esto en serio.
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Guía PDF + plantillas Excel + casos reales de gente que pasó de no llegar a fin de mes a vivir tranquilo en 90 días.
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Qué incluye exactamente el paquete Plus
Te lo desgloso sin trampa. El paquete Plus tiene cuatro componentes y son los siguientes.
Primero, la guía PDF completa de los siete errores. Noventa y dos páginas, formato A4, descarga inmediata. Es la misma que vendo en la versión básica, sin recortes. La cuento aquí para que sepas que está incluida sin sumar precio extra.
Segundo, el cuaderno Excel de plantillas. Son siete archivos, uno por cada error, diseñados para que metas tus propios datos y veas el impacto al instante. El cuadro de mando familiar, el simulador de hipoteca con amortizaciones, la auditoría de suscripciones, el calculador de coste real del coche, el comparador de planes de pensiones, el simulador de herencias por comunidad autónoma y el constructor de fondo de emergencia. Cada plantilla con instrucciones de uso en la primera pestaña y ejemplo precargado en la segunda.
Tercero, los tres casos reales documentados. No son testimonios genéricos. Son casos reales con nombres ficticios y cifras reales (los protagonistas me han dado permiso para usar las suyas) que han trabajado conmigo en sesiones de mentoría y a los que sigo en seguimiento. Manolo, Antonia y Carlos. Cada caso tiene su contexto familiar, sus números antes y después, las decisiones concretas que tomamos, el resultado a los seis meses y la trampa que casi no superan. Son entre treinta y cuarenta páginas cada uno. Son lo más cercano que vas a tener a ver una mentoría desde dentro sin pagar por una.
Cuarto, y este es el componente que mucha gente subestima hasta que lo recibe, la auditoría de tu punto de partida firmada por mí. Rellenas un formulario de quince preguntas (te lleva veinte minutos), me lo envías, y te devuelvo en menos de cinco días una carta de tres a cuatro páginas con qué error te está afectando más, qué deberías priorizar y qué te recomiendo leer primero del material. No es una sesión de mentoría completa (esa requiere videollamada), pero es un diagnóstico personalizado que la mayoría de productos digitales nunca te da.
El caso de Manolo: del autoengaño a tener números que cuadran
Manolo trabaja en una empresa de logística en Burgos. Cincuenta y siete años cuando le conocí, dos hijos emancipados, casa pagada hacía ocho años, esposa funcionaria con jornada parcial. Cuando vino a la primera sesión, me dijo la frase que escucho cada semana: “yo creo que tengo las cuentas controladas, pero quería que las miraras tú por si acaso”.
Le pedí lo que pido siempre. Los doce últimos meses de movimientos bancarios, todas las cuentas. Y la nómina completa, no solo el bruto y neto. Tardó diez días en mandármelo porque tuvo que pedir a su banco que le exportaran tres años atrás. Cuando llegó el material, me senté a clasificar gastos durante seis horas. Sin esa clasificación rigurosa, no hay diagnóstico.
Lo que apareció en las cifras de Manolo es lo que aparece en ocho de cada diez clientes que reviso. Ingresos: tres mil cien netos mensuales sumando los dos sueldos. Gastos declarados por él en la primera entrevista: dos mil seiscientos al mes. Gastos reales según los extractos: tres mil cuarenta y siete al mes. La diferencia entre lo que creía gastar y lo que gastaba realmente eran cuatrocientos cuarenta y siete euros al mes. Cinco mil trescientos sesenta y cuatro euros al año. Quince años así son ochenta mil euros.
¿Dónde se le iban esos cuatrocientos? El detalle está en el caso completo. Pero te adelanto los tres focos principales. Mil ochocientos cuarenta euros al año en suscripciones de las que solo usaba cuatro. Mil doscientos sesenta y cuatro euros al año en comisiones bancarias múltiples (mantenimiento de cuenta, transferencias internas, tarjeta de crédito que no recordaba haber pedido y cobraba treinta y cinco euros anuales). Y mil cien euros al año en una segunda hipoteca pequeña que pidieron en su día para reformar el baño, que ya estaba pagada por capital pero seguía generando una comisión mensual de gestión por un error administrativo.
Cuando le mostré los números a Manolo, hubo un silencio largo. Después dijo una cosa que se me quedó grabada: “es como si llevara dos años con la nevera mal cerrada y no me hubiera enterado de que se me iba la luz”. Esa imagen es perfecta. La mayoría de la gente tiene exactamente eso. Una fuga constante, pequeña, invisible. Suma años y vacía cuentas.
Lo que hicimos en los tres meses siguientes lo cuento con detalle en el caso. Canceló nueve suscripciones (no las catorce: cuatro las mantuvo porque las usa de verdad). Cambió de banco a uno sin comisiones de mantenimiento. Resolvió el lío administrativo de la segunda hipoteca con un escrito formal al banco. Y montó el cuadro de mando familiar que llevamos revisando en cada videollamada mensual de seguimiento.
El resultado a los nueve meses: pasó de tener una capacidad de ahorro negativa de doscientos veinte euros al mes (gastaba más de lo que ingresaba, tirando del colchón) a una capacidad de ahorro positiva de cuatrocientos sesenta y siete euros mensuales. Esa diferencia, en doce meses, son cinco mil seiscientos euros que ya están en su fondo de emergencia.
El caso de Antonia: la hipoteca que casi le impide ver a sus nietos
Antonia llegó a verme con miedo. Cincuenta y cuatro años, viuda desde hacía tres, una pensión de viudedad de mil doscientos euros y un salario propio en hostelería de mil cuatrocientos. Vivía en un piso de Valladolid con hipoteca pendiente de doce años. Sus dos hijas estaban casadas, viviendo una en Madrid y otra en Pamplona, y empezaban a darle nietos.
El problema concreto que me planteó fue que no podía permitirse viajar a ver a las nietas. Los viajes en tren a Madrid o Pamplona desde Valladolid no son carísimos individualmente, pero entre los dos destinos y las cinco veces al año mínimo que quería ir, le suponían dos mil quinientos euros anuales que no tenía. Su sensación era de tener que elegir entre ver crecer a los nietos o llegar a fin de mes.
Cuando revisé sus números, encontré dos cosas. La primera, la hipoteca. Le quedaban setenta y seis mil euros pendientes a un tipo del cuatro con dos por ciento porque su escritura era antigua y nunca había revisado las condiciones. La cuota era de ochocientos veinte euros mensuales. La segunda, tenía once mil euros en una cuenta corriente sin remunerar, que su marido había dejado allí como “el dinero para emergencias” y ella no se atrevía a tocar.
El cálculo que hicimos fue claro. Si amortizaba seis mil euros para reducir cuota, le bajaba la mensualidad a setecientos cincuenta euros (setenta menos al mes). Si los mismos seis mil euros los aplicaba a reducir plazo, se ahorraba cinco mil ochocientos cuarenta euros de intereses futuros a lo largo de los años restantes. Esa segunda opción, transformada en mensualidad equivalente, son cuarenta y nueve euros al mes durante diez años. Plus la negociación con el banco para bajar el tipo, donde conseguimos un tres con cuatro por ciento (ochenta euros menos al mes).
El resultado neto: una mensualidad bajaba en ciento veintinueve euros. Eso sí lo notaba en el día a día. Pero, sobre todo, mantenía cinco mil euros del colchón intactos en una cuenta remunerada al dos con dos por ciento que le encontramos, donde ahora le generan ciento diez euros anuales sin que ella haga nada.
Antonia me llamó el verano siguiente desde Pamplona. Estaba con su nieta de tres años en la piscina. La frase fue: “Iván, nunca te lo voy a poder agradecer suficiente. Es la primera vez en quince años que tomo un café aquí sin estar pensando cuánto cuesta el billete de vuelta”. Esas son las cosas que nunca salen en una tabla de Excel pero que justifican todo el trabajo previo.
Las plantillas que incluye el Plus reproducen exactamente el cálculo que hicimos con Antonia. Pones tus números, ves al instante qué opción te conviene. No tienes que calcular intereses ni hacer simulaciones manuales. Está todo en celdas precalculadas con explicación.
El caso de Carlos: heredar sin que Hacienda se quede con todo
Carlos vino a mí cuando su padre estaba ya muy enfermo. No me gusta dar consejos a contrarreloj, pero a veces toca. Su padre, viudo desde hacía cuatro años, tenía un piso en Oviedo de unos doscientos veinte mil euros, treinta y cinco mil en cuentas y un coche viejo. Carlos era hijo único. Vivía en Tarragona, donde le quedaba la hipoteca de su propia casa y una empresa pequeña de servicios técnicos.
El problema con el que vino fue concreto: “Iván, ¿qué me va a tocar pagar y cómo lo afronto?”. Y aquí es donde la geografía pesa. El impuesto de sucesiones en Asturias para herederos directos puede llegar al veinte por ciento en patrimonios medios. La cifra estimada para el caso de Carlos, sin planificación, era de unos treinta y cuatro mil euros a pagar en el plazo de seis meses tras el fallecimiento. Treinta y cuatro mil euros que él no tenía líquidos.
Como su padre seguía vivo, había margen. Limitado pero real. Lo que hicimos en los tres meses siguientes lo cuento en el caso con todos los detalles, pero el resumen es esto. Su padre contrató un seguro de vida con Carlos como beneficiario por valor de cuarenta mil euros. Coste anual del seguro: setecientos veinte euros. Esto convirtió cuarenta mil euros del patrimonio futuro en algo que no entraba en la masa hereditaria a efectos del impuesto, sino que tributaba como capital mobiliario de Carlos a un tipo mucho menor.
Hicimos también una donación en vida de doce mil euros (el límite que ofrecía un trato fiscal favorable en Asturias en ese momento) directamente a Carlos. Se firmó ante notario. El coste de la operación, incluyendo notario y registro, fue de setecientos cincuenta euros. El ahorro fiscal calculado: cerca de tres mil setecientos euros.
Y revisamos el testamento. El padre tenía un testamento muy antiguo, hecho cuando aún vivía su esposa, donde había cláusulas que ya no aplicaban y que podían generar problemas interpretativos. Lo rehicimos en treinta minutos en el notario, con la fórmula sencilla del “uno y solo uno” para hijo único. Coste: ciento veinte euros.
Cuando el padre falleció ocho meses más tarde, la liquidación del impuesto de sucesiones que pagó Carlos fue de doce mil cuatrocientos euros. Una cuarta parte de lo que habría sido sin la planificación. Ahorro real: veintiún mil seiscientos euros. Coste total de la operación (seguro, notario, asesoría legal): mil setecientos. Beneficio neto: diecinueve mil novecientos euros.
¿A qué esperas para probarlo?
Cada día que pasa es un día menos resolviendo lo que llevas meses dándole vueltas.
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Cómo se usa la auditoría inicial firmada por mí
Esto es lo que lo distingue del resto de productos digitales y por lo que mucha gente compra el Plus. Te voy a contar exactamente cómo funciona para que no haya sorpresas.
Cuando compras, además del PDF y las plantillas, recibes un enlace a un formulario online. Tiene quince preguntas. La primera mitad son cosas objetivas: edad, situación familiar, ingresos netos, gastos aproximados, patrimonio (vivienda, ahorro, deuda). La segunda mitad son preguntas más abiertas: cuáles son tus tres mayores preocupaciones financieras, qué decisión llevas dándole vueltas más tiempo, qué te impide dormir tranquilo.
El formulario te lleva entre veinte y treinta minutos rellenarlo bien. Sé que parece mucho, pero la calidad de mi respuesta depende directamente de la calidad de tus respuestas. Si me pones cuatro líneas en cada pregunta, te puedo devolver algo genérico. Si te tomas en serio responder, te devuelvo algo realmente útil.
Cuando me llega, lo leo personalmente (no es un asistente automatizado). Tardo entre tres y cinco días en devolverte una carta de tres o cuatro páginas. En ella te digo: cuál de los siete errores es el que te está afectando más en tu situación concreta, por qué te lo digo (con la evidencia que has aportado), qué deberías priorizar leer del PDF y aplicar primero, qué plantillas Excel concretas usar y en qué orden, y si veo que tu caso es muy similar al de Manolo, Antonia o Carlos, te recomiendo qué caso concreto leer en profundidad porque te va a aportar más.
No es una sesión de mentoría completa. Eso requiere videollamada y cuesta lo que cuesta. Pero es un diagnóstico personalizado que mucha gente describe como “lo que pensaba que iba a recibir de mi banco y nunca recibí”. Lo hago porque me lo permite el margen del producto y porque creo profundamente que la personalización es lo que falta en el sector de las finanzas personales accesibles.
Las siete plantillas Excel: lo que hacen y lo que no
Las plantillas son la parte más práctica del paquete. Las he iterado durante cinco años con las versiones que uso en mis propias sesiones. No están hechas para impresionar. Están hechas para que funcionen y para que tú puedas usarlas sin necesidad de saber Excel avanzado. Si sabes sumar y restar, sabes usarlas.
El cuadro de mando familiar tiene dos pestañas. La primera, ingresos: una fila por cada ingreso del hogar (nómina principal, nómina secundaria, ingresos esporádicos, ayudas). La segunda, gastos clasificados en cinco categorías. Y un cuadro resumen arriba que te muestra de un vistazo capacidad de ahorro real del mes y comparativa con los tres meses anteriores. Si una vez al mes dedicas veinte minutos a actualizar esa hoja, ya estás por delante del noventa por ciento de la gente.
El simulador de hipoteca permite cargar tu hipoteca actual (capital pendiente, tipo, años restantes) y ver tres cosas. Cuánto pagas de intereses entre ahora y el final si no haces nada. Cuánto te ahorrarías amortizando cantidades concretas (mil, tres mil, cinco mil, diez mil). Y cuánto te ahorrarías si renegocias el tipo de interés bajando un punto, medio punto, dos puntos.
La auditoría de suscripciones es un test. Te lista las preguntas que tienes que hacerte para cada suscripción y te marca con un color (verde, ámbar, rojo) si debes mantener, revisar o cancelar. Veinte minutos rellenándola y la lista te sale sola.
El calculador de coste real del coche es uno de los favoritos. Mete los datos de tu coche actual (precio compra, años, gastos anuales) y te muestra cuál es el coste real por kilómetro recorrido, comparado con tres alternativas (cambiar por uno equivalente seminuevo, cambiar por uno híbrido nuevo, no cambiar). Veo gente cambiar de decisión solo viendo este número.
El comparador de planes de pensiones compara hasta cinco planes simultáneamente en cuanto a comisiones, rentabilidad histórica anualizada, riesgo y proyección a diez años. Si tienes uno contratado en tu banco, te recomiendo meter sus datos aquí. Vas a tener una conversación incómoda con tu banco después, pero te ahorrarás dinero.
El simulador de herencias por comunidad autónoma calcula, en función del patrimonio aproximado del causante y la comunidad de residencia, qué impuesto de sucesiones te tocaría pagar y con qué decisiones legales podrías reducirlo. No sustituye a un notario, pero te prepara para la conversación.
El constructor de fondo de emergencia es el más sencillo. Indicas tus gastos fijos mensuales, qué porcentaje quieres tener guardado, cuánto tienes hoy en el fondo y cuánto puedes aportar mensualmente, y te da el plan exacto: meses para llegar al objetivo y proyección.
Cuánto cuesta y por qué cuesta esto y no más
Cuarenta y siete euros. Esto es importante explicarlo porque la mayoría de productos similares en el mercado están entre los doscientos y los cuatrocientos. Te explico por qué cobro esto y no más.
La razón es filosófica y operativa. Filosófica: creo profundamente que la información financiera de calidad debe ser asequible. Si la encierro en un producto de cuatrocientos euros, le llega a quien menos la necesita. Si la dejo en cuarenta y siete, le llega a quien sí la necesita y puede pagarla sin pestañear.
Operativa: el coste marginal de servir un PDF más y unas plantillas Excel más es prácticamente cero. La auditoría inicial sí me cuesta tiempo (entre treinta minutos y una hora por cada una), pero ese tiempo lo cubro con creces con el volumen que vendo. No necesito cobrar como una sesión privada porque no es una sesión privada. Es un escalón previo.
¿Por qué no más barato? Porque a menos de cuarenta euros, la gente lo subestima. Es psicología pura. Productos digitales por debajo de veinte euros se leen una vez y no se aplican. Productos entre treinta y cien se leen, se aplican parcialmente y generan resultado. Por encima de cien, se aplican más en serio pero limitan a quién compran. Cuarenta y siete está en el punto justo.
Cómo lo recibes y plazos
Compras, en menos de cinco minutos te llega el primer email con el acceso a la zona de descargas. Allí encuentras el PDF, los siete archivos Excel comprimidos en un ZIP y el enlace al formulario de auditoría. Todo desde el minuto uno excepto la auditoría firmada por mí, que recibes por email separado entre tres y cinco días después de que envíes el formulario.
Los tres casos reales documentados son archivos PDF separados, cada uno entre treinta y cuarenta páginas. Los recibes con el resto del material. Mucha gente me dice que los lee primero, antes que la guía. Lo entiendo: ver casos concretos antes que teoría engancha más. Haz como prefieras.
El acceso es para siempre. Si pierdes los archivos en seis meses o seis años, pides reenvío y te llegan. Si publico una versión nueva (las plantillas se actualizan una vez al año con los cambios fiscales), la recibes sin coste. La auditoría inicial firmada por mí es una sola vez por compra. Si en el futuro quieres una nueva, eso ya forma parte de una sesión de mentoría aparte.
Una decisión, un cambio
Si después de leer hasta aquí sigues con dudas, escríbeme. Sin compromiso.
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Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay con la versión básica de 14,99 €?
La básica es solo el PDF de los siete errores. La Plus añade las siete plantillas Excel, los tres casos reales documentados y la auditoría inicial personalizada firmada por mí. Para quien quiere aplicar el contenido en serio y con material para hacerlo, Plus tiene mucho más sentido. Para quien quiere primero entender el marco antes de comprometerse, la básica funciona.
¿Cuánto tardas en mandarme la auditoría firmada?
Entre tres y cinco días naturales desde que envías el formulario. Algunos meses estoy más cargado (enero y septiembre suelen ser punta) y llega al día seis. Siempre te aviso si va a tardar más por algún motivo. Si por error me cuelo y no recibes la auditoría en diez días, escríbeme y te la mando inmediatamente.
¿Las plantillas Excel valen también para Google Sheets?
Sí, son compatibles. Las subes a tu Drive y se abren correctamente. He probado con LibreOffice también y van perfectamente. Si tienes Excel 2010 o anterior, alguna fórmula puede no calcular bien. Para versiones modernas (Excel 2016 en adelante, Excel 365, Google Sheets, LibreOffice 7) no hay problema.
¿Y si después quiero pasar a sesiones de mentoría directas?
Tienes dos opciones: el bono de cinco sesiones por noventa y nueve euros o la mentoría completa de tres meses (doce sesiones) por doscientos cincuenta. Si compras cualquiera de las dos en el primer mes después de adquirir el Plus, te descuento los cuarenta y siete del Plus del importe final. Es decir, te sale prácticamente gratis el escalón. Si pasan más de treinta días desde tu compra del Plus, ya no aplica el descuento.
¿Es deducible si tengo una pequeña empresa?
Si lo compras a través de una factura a nombre de tu sociedad o autónomo, puedes deducirlo como formación profesional. Te emito factura con los datos que me indiques al hacer la compra. Lo dejas claro al checkout y te lo gestiono. La mayoría de mis compradores empresarios lo hacen así.
¿Hay alguna versión digital con audio o video?
No, por ahora no. Es exclusivamente material escrito y plantillas. La razón es que prefiero invertir mi tiempo en mantener el contenido actualizado y responder a las auditorías personalizadas que en producir video, donde no aporto valor adicional. Hay quien prefiere video. Yo prefiero texto bien escrito. Cada uno tiene su público.
Si después de leerlo no me ha aportado, ¿devuelvo el dinero?
Tienes catorce días desde la compra para pedir devolución completa sin justificarte. Esto es derecho legal del consumidor en España. Por mi parte, si me dices después de los catorce días que no te ha aportado lo que esperabas y me parece razonable lo que cuentas, te devuelvo el dinero igualmente. Me importa más que la gente esté contenta que cuadrar el mes.
¿Vale la pena si ya tengo asesor financiero contratado?
Depende del tipo de asesor. Si tienes un asesor independiente, fiduciario, que cobra por hora o por proyecto, probablemente no aporta tanto porque él ya hace este tipo de trabajo. Si lo que tienes es un comercial de un banco o una aseguradora, te diría que sí. Su incentivo está en venderte productos que cobran comisión. El mío no. Y a veces eso marca la diferencia entre seguir un consejo bueno y caer en uno que te perjudica.
